viernes 29 de febrero de 2008

LA NIÑA HA VUELTO HA MORIR (2008)

Un embarazo difícil, una vida traumática. Todo el dolor hecho carne, las ilusiones traídas de los pelos. Una felicidad en cuotas demasiado altas para abonar. Un padre ausente, pueden ser tantos los padres que no se sabrá nunca. Y el feto madurando en el vientre, el vientre que sangra y otras tantas solo llora. El llanto de los ausentes y desprotegidos, el llanto que pide la vida sabiendo que por milagro o por falta de dinero, aún no ha sido interrumpida. La madre acaricia su panza, que no crece como la de las otras madres. Y una súplica constante: Que por favor no nazca!.
Las ecografías, tiradas de los pelos, no dan buenas noticias, el feto crece malformado, como si los puñetazos de su madre en su intento por darle fin, hubieran comenzado a brotar como borbotones de sangre muerta por todos lados dentro de la matriz. Pero por alguna razón el embarazo sigue, como si una chispa de luz estuviera siempre presente, y no pudiera detenerse, así como ocurre con el destino.
Candelaria con su panza que crece agónica, se mira al espejo, y nota que su vida se transforma, en una especie de metamorfosis que la convierte en un ser apático, despreciable para sus seres que antes eran amados.
El día del parto llega, pero no como se esperaba, sino, dos meses antes, con complicaciones, con vómitos, con sangrado. En el humilde barrio de Candelaria, todos miran de reojo, todos opinan, todos critican. La madre soltera, esta vez lo ha hecho. Esta vez algo hizo para acelerar el parto. Para que su bebé muera. Candelaria sale corriendo a la calle, se arrastra de dolor, deja una estela de sangre tras de si. Nadie sale a socorrerla. Espían tras las persianas y las cortinas. Pero un taxímetro que pasa la recoge del suelo y la sube para llevarla al hospital más cercano. Llegan a la guardia y ante el cuadro lamentable, los médicos la ingresan a quirófano. Pero el Hospital no cuenta ese día con los recursos mínimos para que el parto prematuro sea un éxito. No hay presupuesto, no hay insumos, no hay voluntad. Pero a Candelaria parece no importarle, total, ella siempre deseó que esa criatura no nazca. Entonces, el dolor, se toma revancha contra tanto odio, tanta desidia. Arremete contra las fibras de la madre soltera hecha girones en la camilla, se retuerce como un sapo, se estremecen hasta los médicos, la partera no puede recordar otro episodio similar, de pronto Candelaria da un salto sobre si mismo, y luego queda inerte con los ojos abiertos mirando el techo, como si su hubiera congelado. Es el momento exacto para aplicar la inyección peridural. El ginecólogo realiza la cesárea y logra extraer el delicado cuerpecito de una niña que apenas respira, bañada en sangre y con el cordón umbilical dos vueltas alrededor de su cuello. Los médicos intentan reanimar a la recién nacida, Candelaria voltea su mirada hacia otro lugar, no le importa la suerte que corra la niña. Se llevan a la niña a una sala de cuidados intensivos y continúan con los intentos por ayudarla a pasar este gran obstáculo. En los escasos latidos de la niña, parece escucharse el ansia por vivir, por sobrevivir. Pero la luz de la sala decae, decae el sol en una tarde sombría, como decae el aliento de la niña que muere irremediablemente en manos que quienes intentaron resucitarla.
Un enfermero camina al quirófano, va a comunicarle la triste noticia a su madre. Aprieta su barbijo y sus guantes de látex y los estrella a un cesto manchado de sangre. Como un oscuro ritual cuando se pierde una batalla. Abre la puerta del recinto, pero Candelaria yace sin vida con los ojos fijos en el techo, en un baño de sangre. Le ponen una sábana encima y se cierra la historia de la desafortunada madre anónima y olvidada.
El enfermero regresa a donde yace la niña, la limpia, la prepara y lentamente sin quitarle la mirada de encima la lleva con sus propias manos a la morgue. La acomoda en la camilla y cierra la puerta. Las sombras de la noche regresan por el espacio perdido, y se apoderan todo. Ya no queda luz, ya no queda nadie.
Es la mañana del día siguiente, y el Hospital de barrio, retoma su ritmo, con los problemas cotidianos, con la misma gente circulando, los médicos intentando cambiar el breve mundo que los circunda. Pero no es un día mas, ha muerto la niña, y no es tema menor, una niña recién nacida que muere no es tema menor, es la misma muerte muriendo de risa de todos ellos, de los desprotegidos, de los desamparados, de los que tratan pero no pueden, de los que sufren. Y la niña ha muerto sola, sin madre, sin padre, sin familia, sin pasado ni presente, solo ha muerto, la muerte mas triste.
Javier el enfermero, no ha podido dormir en toda la noche, no puede quitarse esa imagen de la cabeza, dos tragedias diferentes pero unidas por la misma situación. Javier debe terminar su turno de guardia de 12 horas y antes de marcharse, camina hacia la morgue. Abre la puerta, se acerca al habitáculo que contiene el cuerpo sin vida de la niña. Suspira y da media vuelta, camina para marcharse, pero antes de abrir la puerta, escucha un llanto, un llanto desolador y desesperado, un llanto tan débil que perfora los oídos de los vivos. Javier, desesperado se acerca y abre la puerta de la camilla donde yace la niña que ahora llora. Grita aterrado, llegan otros empleados y médicos. Saca a la niña y la abriga con su delantal, otros le acercan mantas y la cubren la llevan corriendo a la sala de cuidados intensivos. La conectan a todo tipo de aparatos con tal de prolongar este milagro que acaba de ocurrir. Javier y sus colegas, emocionados, miran el pequeño cuerpito de la niña que ha regresado al mundo de los vivos, las preguntas de rigor vendrán luego, ahora solo hay que mantenerla con vida. Pasan tres horas y al salir, Javier descubre que frente al humilde Hospital, se ha congregado gran cantidad de vecinos, la prensa y cuanta persona creyente en milagros ha escuchado la buena nueva. Javier evita las fotos y las preguntas y simplemente se aleja mirando como la niñita se perfila rumbo a la santidad mediática en tiempos donde escasean los milagros.
Tres noches de vigilia, de teorías y conjeturas, de rezos, de sollozos, de arrepentimiento. Es el nuevo Mesías, es la personificación de la Virgen, es la sagrada profecía. Todo encaja, todo vale, todo es bueno para los miles y miles de fieles, que se acercan, peregrinan con estampitas y velas en las manos. Es por momentos un circo, y por otros un santuario. Pero no le hace mal a nadie, los llena de Fe.
Javier se acerca a la niña, la incubadora hace a la vez de capilla que resguarda a la niña santa. Javier se arrodilla ente ella y llora, llora mucho, hasta le suplica por cosas suyas, secretas, pero no tan distintas a las demás plegarias. Luego, se pone de pie y revisa el suero. Vuelve a mirar a la niña, pero esta vez la nota pálida, desmejorada. Se alarma y abre la incubadora. Aterrado descubra que ya no tiene signos vitales, otra vez. Vienen los médicos para salvarla pero esta vez, no hay nada que hacer, mas que derramar una lágrima. La niña ha vuelto a morir. Javier solicita algunas horas para tenerla en observación y así evitar que pueda ocurrir lo que ya ha ocurrido. La gente apaga sus velas, y da la vuelta en busca de algún otro milagro.
Javier, intenta encontrar pulso, latidos, pero el corazón yo no se mueve, y llora desconsolado frente al cuerpito. El empleado de la morgue viene a buscarla, también llega una enfermera para consolar a Javier. Pero en el momento que van a llevarla, la niña suspira y abre los ojos, los fija en Javier y levanta su delicada manito, señalando con el dedo índice el cielo. Todos se arrodillan atónitos, pero antes que alguien de aviso a los médicos, Javier les suplica que no digan nada, no tiene sentido la forma de operar que tiene los milagros o los hechos sobrenaturales. La niña, tras unos segundos, vuelve a morir.
Nunca nadie ha sabido la verdadera causa de estos acontecimientos, solo quedan historias que se narran por los pasillos del descuidado Hospital, historias que cuentan que ciertos días, algunos empleados se juntan en la morgue, e ingresan con velas y estampitas, para depositarlas frente a un habitáculo que lleva puesto un candado.

Sergio Daniel Baldassarre

martes 2 de enero de 2007

QUIEN COPIÓ A QUIEN? Escritores de Ciencia Ficción vs Científicos (1996)

“Entonces el tripulante miró por la escotilla, y observó al planeta tierra, tan azulado, tan lejano. Encendió los motores suplementarios y fijó las coordenadas rumbo a la Luna. Los mandos de la nave estaban bajo control. Cuando miró su reloj, comprendió que su tiempo estaba detenido. Su misión era muy importante para el resto de la humanidad, y sabía que lo lograría. Los circuitos del tablero, funcionaban correctamente, mientras tanto, su corazón latía con fuerza pensando en todo lo que contaría cuando volviera a casa”

Este relato, podría ser perfectamente una crónica de alguno de los astronautas de las misiones “Apollo” de los años ´60, sin embargo, se trata de uno de los relatos de Hugo Gernsback, publicado en su revista “Amazing Stories”, allá por 1926 y que había escrito casi veinte años antes. El relato hoy puede no parecernos tan interesante, pero tengamos presente que por esos años, ni siquiera la aviación era una realidad. Todo pasaba por sueños de algunos “locos” que trataban de conseguir financiamiento para sus inventos descabellados.
Por esos tiempos, casi nada de lo que hoy conocemos como avances tecnológicos se había inventado, o por lo menos, no en un nivel de consumo masivo. Grandes inventos, que hoy forman parte de nuestra vida, yacían escondidos con celo, en laboratorios poco iluminados a la sombra de la humanidad.
Incluso, para 1926, alguien jugueteaba mentalmente con las aplicaciones de un aparato que transmitía imágenes de un cuarto a otro, sin saber en realidad en que usarlo.
El caso es que, mientras las sociedades modernas y la ciencia, maduraban, luchaban por las igualdades sociales y contra los sistemas autoritarios, la literatura estaba marchando a pasos agigantados. Obviamente, la mente de un puñado de importantes escritores, iba a gran velocidad. Tanto, que cualquier idea novedosa solo podía llegar a ver la luz en un libro o en un folletín de algún periódico de aquella época. Lo mas interesante fue, que si bien se dice que la revista “Amazing Stories” (1926) inaugura la “Era de la literatura de Ciencia Ficción”, hay acontecimientos muy sobresalientes, que nos demuestran que en realidad la “ciencia-ficción” ya estaba instalada en los artistas de siglos anteriores.
En este viaje imaginario, volvamos en el tiempo hacia la Edad Antigua, donde un príncipe narraba sus aventuras con unas “carrozas de fuego” que volaban como las aves y eran conducidas a voluntad por sus pilotos, allá en el año 300 a.C.
Si tomamos este relato que se encuentra en el libro sagrado “Ramayama”, como una visión premonitoria de un talentoso narrador, imaginemos que clase de entendimiento podía generar para los que tenían acceso a esas narraciones. Pero desde ese momento, podemos encontrar un incalculable proceso de creaciones disparatadas e inventos inimaginables para esas épocas. Y a pesar de que muchos escritores se atrevieron a difundir sus obras incomprensibles y hasta graciosas, el mundo no estaba preparado para maquinas de volar, o para viajes a la luna o a través del tiempo.
Julio Verne, entre sus genialiades, dejó una cantidad de bocetos de lo que hoy conocemos como el submarino, y nos cautivo con sus viajes por el fondo del mar. Dibujó proyectos de aparatos capaces de volar con el impulso de un solo hombre. Y por sobre todo, nos contaba en sus relatos acerca de la exploración de las estrellas.
Luego vendrán H.G.Wells con “La máquina del tiempo”, Mary Shelley con “Frankenstein”, William Olaf Stapledon con su “The Last and First Men”, Lovecraft con su horror cósmico. Todos aportando fantasiosas ideas a la limitada mente de la sociedad post-revolución industrial. Autores que en su afán de llegar a un público deprimido y sin esperanzas; imaginaban, recreaban, inventaban o adaptaban sus propios sueños y los transformaban en fabulosos relatos donde un hombre común podía cambiar su destino o el curso de la historia.
Algo que en la realidad no ocurría. Y la llegada de la primer Guerra Mundial, lo demostró. ¿Cómo se podía calmar tanto dolor?.
Y ese género de ciencia-ficción que no era más que la transformación de los propios miedos internos y ansiedades de sus autores, abrió la mente de los niños y adolescentes, que hasta ese momento, no contaban con derechos de ningún tipo. Algunos, quedarían marcados para siempre, como lo afirmara años más tarde Whitlle, que inventó el motor de retropropulsión.

Pero un día, más de un científico, o físico, o inventor, descubrió que la fascinación de la literatura de ciencia-ficción provenía de una extraña sensación por parte del lector, soñando tal vez que podría algún día encontrar la solución a sus problemas más cotidianos: curar un cáncer, recuperar su vista, tener “super poderes”, viajar en el tiempo para cambiar su vida, o irse en busca de nuevos mundos tratando de encontrar alguno mejor. Y los científicos, comprendieron esto, y se alejaron en su mayoría de los “mecenas” que tenían fines egoístas para ponerse al servicio de la gente.
Pero como en las mejores obras de ciencia-ficción, la mayoría de los inventos y adelantos técnicos, fueron financiados por estados belicosos cuyo único objetivo era la supremacía por sobre las demás naciones.
Y entonces, los científicos pudieron hacer que los hombres viajaran por debajo de las aguas, que pudieran romper la barrera del sonido con aviones a chorro, que el hombre pudiera poner un pié en la luna, o que con un solo disparo pudiera terminar con miles de vidas.

¿Quién copió a quién? Es difícil decirlo, y más porque es casi imposible comprobar si un escritor pensó antes que un científico. Muchos son los casos en que escritores de ciencia-ficción, eran también científicos e inventores. Pero algo los diferenciaban, en sus relatos nos mostraban lo bueno y lo malo de sus “inventos”.
Pero como en todo relato interesante, la ciencia se terminó poniendo, en algunos casos, del lado de la humanidad. Tomemos como ejemplos la sofisticación de los insumos de la medicina (tomógrafos, rayos x, láser) y ni que hablar de la experiencia del transplante de órganos; o el caso más reciente, de implante de mano en los EEUU. Como si la locura de “Víctor Frankenstein”, hubiera sido visionaria.

¿Quiénes fueron esos hombres que a lo largo de la historia nos deleitaron con narraciones fantásticas? Fueron seres comunes iluminados con la lámpara de la genialidad, que sabían que sus obras no tenían que ser escritas porque si. Hombres talentosos, capaces, no solo de combinar una serie de palabras, sino que además, podían dar pistas para el futuro, y tenían respuestas para esa sociedad que se perdía en la noche de la miseria moral. Entonces, encendieron una vela al final de un oscuro camino, que años más tarde encontrarían los hombres de la ciencia, para transformarla en hechos concretos al servicio del desarrollo de las civilizaciones futuras.

(de los seminarios en universidades dictados por Sergio Daniel Baldassarre)

CAMÍN, EN LA PUERTA DEL CIELO (1997)

Lentamente la oscuridad va avanzando por detrás delas sierras, arrastrando paso a paso a la noche, que con vos ronca y poderosadice ¡Basta! al día que se ha desplegado furioso contra los montes azotandolas tierras secas sedientas de lluvia que ya no llegará.
Camín seca el sudor de su frente, levanta su vista y observa sus manos que cargan piedras. Mira a los suyos, a su pueblo que calla, y que tambien mirasus manos. Pero solo eso: miran.Camín apunta su vista a lo largo de las pircas que van dejando detrás metro por metro. La jornada aún no termina. Sabe que lo observan todos. Los religiososporque necesitan de él. Los suyos porque esperan una señal o al menos unapalabra.
La pirca se extendiende sobre lo alto de todas las sierras de los muertos. Esa tierra que contiene los restos de otros que ya no están, de los espíritusque regresan con la ira del viento sur. Camín trata de oler a lo lejos. Tratade oler al tiempo. Desea recordar como era esa tierra antes. Antes del hombreblanco. Del hombre a caballo. Del hombre atrevido. Del hombre de la biblia yde la espada. Del hombre que ha traido una imagen de un hombre que cuelgaagonizante de un crucifijo de madera. Una crucifijo que ni Camín ni su pueblo entienden.Camín trata de volver a correr desnudo por las quebradas desafiando a su rivalOchinga, desafiando al destino que hoy les juega sucio. Ya se han ido esos días. Y Camín lo nota en la mirada de su gente. Ni la sonrisajesuita logra animar las almas decadentes de un comechingón maltratado yhumillado ante sus antepasados. ¿Quién reparará este daño?. ¿Quién cargará con el peso del dolor de todo un pueblo que tan solo construye pircas para la iglesia?.
Camín desea en su corazón que cuando el tiempo pase, no sean solo las pircaslas que permanezcan en pié. Camín sueña con que algún día alguien pase por esa tierra y sienta la presencia de Camín.Entonces Camín necesita gritar. Se levanta y se acerca a uno de los religiososy lo mira como hacía tiempo él no miraba.-Para qué apilo piedras a lo largo de la tierra de mis antepasados?- pregunta Camín.-Para que sepamos donde termina la tierra- responde el padre Ignacio.Camín señala el ocaso con la mano y mira a Ignacio.-Allá termina mi tierra. Y mañana comienza de aquel otro lado- explica Camín-Estas pircas son ahora los límites de la tierra. Para que nadie trate de robarlas- replica el padre Ignacio.Camín no entiende y mira a Ignacio.-Esta tierra es nuestra y nadie nunca nos la va a quitar!- -No Camín, esta tierra es del Señor, y El nos pide que se marque así- explica el padreIgnacio y luego se da vuelta y regresa a comer esa masa que hacen los aborígenesque tanto gustan a los padres jesuitas.
Camín aprovecha la oscuridad de la noche que fuertemente ha puesto llave a laluz del atardecer, para correr hasta la puerta del cielo. Allí sabe que lo aguardan sus recuerdos, su infancia, su reino perdido. Ser Cacique no significanada ahora desde que llegó el invasor. Al llegar al punto más alto observacomo la luna redonda y blanca le muestra sombras de lo que ha sido su dominio.Y Camín rompe a llorar. Llora en lo alto de la sierra, donde solo lloran losgrandes. En la altura, en la soledad. Ninguno de los Comechingones que quedandebe ver a Camín llorando. El viento del sur le ha dicho a Camín cual será eldestino de su gente. Se pregunta por qué no le enseñan a usar la espada paralevantarla contra el conquistador, en vez de pasarse siglos levantando hilerasinterminables de piedra.Camín sigue llorando.
Un suspiro quebrado hace que Camín se sobresalte y mire a su costado. Unasilueta de hombre se desprende de las sombras. Camín se acerca como un cazadornocturno y logra mirar de cerca. Es un hombre que llora desconsolado. Camín seacerca y lo ve desnudo y muy herido. Camín al verlo se le acerca y le colocasu manta de piel sobre la espalda. El hombre lo mira triste y le regala unabella sonrisa. Pero vuelve a mirar en dirección a los aborígenes que no dejan decargar pesadas piedras. Camín mira también:-Ese es mi pueblo. Levantamos hileras de piedra para que nadie nos robe lastierras de nuestros antepasados- explica Camín.-Ellos tampoco saben lo que les hacen Camín- dice el hombre, y Camín se asombrade que lo ha llamdo por su nombre, esa persona que le recuerda a alguien queha visto hace poco.El hombre comienza a caminar para entregarse a la noche y vuelve a mirar aCamín: -Yo no morí para esto!-.Camín observa como la noche se traga al hombre y su llanto acaba. Se para sobreuna roca y comienza a cantar su plegaria a sus dioses más queridos en el idiomade su gente. Desde abajo, allá cerca de las pircas, su pueblo que se ha sentadopara tomar un respiro bajo la luna y el frío, su pueblo que yace agonizanteescuchando plegarias en un idioma todavía desconocido, su pueblo que recibeel pan de manos de los jesuitas de fácil sonrisa, observa a su lider que alláen lo alto de la Puerta del Cielo, como un dibujo pegado en las sombras, sellena de luz y extiende su brazos en forma de cruz. Canta a sus antepasadosy les pide perdón por haber sido débil ante el invasor.Entonces todos los comechingones se ponen de pié, se cruzan tristes miradasy comienzan lentamente a marchar hacia Camín que yace en las puertas de lagloria, marcándoles el rumbo hacia el final de su existencia, allá dentro delas sombras del eterno olvido, de todo un pueblo que al cruzar la línea deltiempo, deja de existir ante la mirada atónita de los padres jesuitas.
Una camioneta Land Rover todo terreno se aproxima a gran velocidad por los caminos de lassierras de Córdoba. Al llegar a "Puerta del Cielo" detiene su marcha. De elladescienden un matrimonio y su pequeño hijo. Sacan fotos al paisaje imponentey disfrutan de la fresca bocanada de aire que les acerca el viento sur. Elniño se trepa a la hilera de piedra que se extiende por más de cincuenta kilómetrosa través de todas las sierras. Mira a su padre:-Papá, qué son estas piedras?--No lo se hijo, alguien que habrá estado perdiendo el tiempo- responde el hombremientras suben a la camioneta y se alejan levantando una polvareda que ocultatodo el camino, la vista,las largas pircas...y toda la historia del lugar.

MIEDO (1995)

Cómo olvidar el terrible palpitar de los corazones que no llegaron a cumplir su ciclo?. Veredas roidas por el óxido del desamor, chorreando sangre seca detanto esperar. Noticias de las siete, pintadas del triste amarillo que tan solo traen más angustia. Niños necesarios crepitan por doquier, replegando sus alasdoradas hacia el agua que apagará su fuego para siempre.Cómo olvidar los suspiros más mediatos relegados por las utopías que ni siquierase han pensado?. Vuelos de palomas grises sobre las ciudades blancas, sin la rama en su pico, sin dirección exacta. Llantos teñidos de humo ocultando las sonrisas más sinceras. Balas de juguete que igual matan, quebrando las barricadas de losjustos. Piezas del rompecabezas eterno que no termina de armarse. Cielo conmanchas de cancer, vomitando lenguas mortecinas sobre el pelo de los que nosaben mirar hacia arriba.
Entonces, llega el miedo. Y el miedo lo pinta todo de negro. Un luto sobrelos campos y sobre las personas y sobre las bestias y sobre las casas y sobrelos mares y sobre...
Entonces llega el miedo. Y el miedo te abraza en la noche y te saca de la cama, y te embaraza de insomnio. Te entrega a las fauces del lobo, te entrega al señor de la bolsa, y te encapucha y te venda los ojos, y simplemente: Te delata.
Se forma alrrededor de los hombres un manto de sospecha, de duda. Esa duda quesiembra malos momentos. Entonces el hombre acusa, el hombre se calla, elhombre abandona, el hombre resigna, el hombre asesina. Y vuelven los ríos desangre a correr por los mismos caminos de siempre, bajo la luz de la luna,bajo la pisada inerte del sol. Y el miedo te atrapa.
Corriendo en la noche, escondiendote en el rincón, saltando paredes, levantandotus alas. El miedo te atrapa, igualmente te atrapa.Entonces el niño corre tras su linterna y juega con las sombras, las sombras loobservan, le piden clemencia, le cuentan secretos. Y el niño se calma. El reyde los sueños regresa a buscarlo y casi sin saberlo le salva la vida.
El miedo recorre otros sitios y se pierde en la madrugada en algún bar de barriocantando bajito, llevando sombrero. Arroja lo que le queda del cigarro al pisoy lo apisona con la punta del zapato. El miedo se queda parado y observala ventana, en la que duerme el niño a salvo. Pero que le importa, tarde otemprano, el niño, saldrá al patio de los juegos.

QUIÉN SOY? (1998)

No es que tenga ganas de llorar,
no es que tenga ganas de partir,
no es que tema a mi propio futuro.
El cielo me señala con su dedo acusador,
y yo corro hacia las sombras
tratando de escapar.
Pero, ¿qué tan lejos se llega cuando siempre
estamos quietos en el mismo lugar?.
No lo sé, pero ya no soy el mismo.
Veo gente que me observa, que me estudia,
que me prueba, que me aterra.
No es que tenga ganas de gritar,
no es que tenga ganas de sentir.
Es que después de tanto tiempo
descubrí que mi vida era tan solo,
apenas un sueño.
Y entonces desperté, y ahí me descubrí.
Era yo, el mismo que no entiendo.
No es que tenga ganas de dormir,
es que se terminó el sueño.

EL ÁNGEL EN LA TERRAZA (1987)

De todas las mañanas de mi vida, la que más recuerdo fue aquella en la que al despertar,
vi un ángel tirado en mi terraza. Aparentemente, había sufrido un daño en sus alas. Esto,
lo precipitó a tierra y al dar contra el suelo, quedó en muy mal estado.
A mi me pareció que hacerle notar que estaba profundamente emocionado y
asombrado, sería demasiado fuerte para él. Para no hacerlo sentir incómodo, me le
acerqué con un vaso con agua fresca y se lo alcancé. El me miró y con algo de miedo, lo
tomó entre sus manos. Luego bebió.
Tras un instante de observarlo con fascinación, me vi en la obligación de ayudarlo a
componerse. Lo hice poner de pié. El miró al cielo y con su dedo índice señaló el
firmamento. Intentó mover sus alas, más no pudo. Dolido por esto, derramó una lágrima
que al instante hizo brotar una rosa blanca en el piso de mi terraza. Yo me agaché y la
corté. Pero rapidamente se marchitó entre mis manos.
Hice caminar al ángel hasta mi dormitorio y lo recosté sobre mi cama. No estaba muy
cómodo, ya que su estatura era como de dos metros y mi cama algo más corta.De todas
formas se quedó. Como si sintiera que realmente quería ayudarlo.
Miró mi escritorio y fijó su mirada en mi cuaderno de notas. Exendió su mano, tomó un
lápiz y escribió: "Quedarse en la Tierra por mucho tiempo es como renunciar a las alas".
Luego se acostó. Lo miré fijo. Lo que él sentía era horrible. Creía que ya nunca volvería
a volar, y mucho peor, que nunca volvería a su cielo.
El ángel se acomodó en la cama, plegó aún más sus alas y cerró los ojos.
Cuántas veces nos hemos preguntado cómo hacer para decir "te quiero", o cómo
escribir una carta a la persona que amamos. Pero nunca me había preguntado cómo
hacer para ayudar a subir al cielo a un ángel, que nos ha caído en la terraza de nuestra
casa. Este era mi mayor desafío. Yo que nunca hice las cosas bien para amar a una
persona, yo que me recluí en la creación de relatos para no dejarme alcanzar por
algunos sentimientos. Yo, que dejé escapar entre mis dedos las más bellas historias de
amor. Estaba frente a un ser que representaba todas esas sensaciones que jamás me
animé a vivir en carne propia.
Como primera medida, busqué una cruz que guardaba como recuerdo de una vieja
iglesia que solía visitar hasta su demolición. Se la acerqué y el ángel parecía no notarlo.
Luego le acerqué un rosario de perlas, pero tampoco le importó demasiado. Un ser
celestial no tenía por qué fijarse en las cosas materiales de mi mundo.
Sin saber que otra cosa hacer, lo miré y le dije _Se que eres eterno y celestial, que
transitas por lo tiempos. Se que pintas los colores con los cuales despierta el mundo. Se
que un grito rabioso, ensombrece tu espíritu. Se que eres un ángel y que necesitas de mi
ayuda. Pero, ¿cómo puedo hacer para que puedas subir al cielo?. Ya se...escribiré mil
poemas y te los dedicaré. Encomendaré mi alma a Dios para que disponga de ella a
cambio de tu salvación. Porque tu eres digno de vivir en el cielo y no yo.
El ángel me miro fijamente y me quedé quieto. Luego, señaló con su dedo mi máquina de
escribir. Corrí hacia ella y ante mi sorpresa, había una hoja con unaas palabras escritas:
"Ella siempre te espera, sentada en su jardín mientras los días pasan".
Al leer esto, la culpa me invadió y el dolor se apoderó de mi, como una enfermedad
terminal. No sabía que hacer ni que decir. Comprendí que el ángel sentenciaba lo mal
que yo me había portado con alguien que realmente me había amado. Entonces
comprendí. Me senté junto al ángel que comenzaba a agonizar y esccribí una carta a esa
persona que sufría por mi, pidiéndole perdón.
En ese interín, el ángel empeoraba. Sus alas habían comenzado a tomar una coloración
grisacea, al igual que la luminosidad de su rostro que lentamente comenzaba a morir.
Siempre creí que un ser celestial como este, tenía la tarea de salvar al mundo, cuidar la
naturaleza, evitar guerras, curar pestes, alimentar a miles de hambrientos. El pensar que
su única misión era tan solo la de salvar un amor, me dejaba sin entender. Hasta que
presté atención a su vestido y comprendí la sencilléz de su existencia. Salvar un amor es
como salvarlos a todos. Y yo se que hay infinitos ángeles salvando amores a diario. Su
recompensa sería recuperar la libertad de volvir a subir al cielo. Al comprender esto,
abrí mi corazón y el ángel comprendió que desde ahora, yo trataría de cambiar y
volvería con mi amada.

Hoy pienso que yo, que en esta vida soy escritor, cuando vaya al cielo quisiera ser ángel,
para salvar historias de amor. Un ángel es como un poeta, pero con mágia.

Mi amada y yo volvimos a estar juntos. El ángel recuperó su color y su luz. Un viento
azul lo vino a buscar a mi terraza donde yo lo encontré y donde lo ayudé a llegar para
que lo vieran. Una de las plumas de sus alas quedó allí, yo la guardé en una cajita de
música.
Volví a ser felíz, pero de otra manera. Nunca más supe de él. ni volví a verlo, aunque se
que siempre me observa, aunque siento el aleteo de sus blancas alas en mi frente, aunque
su perfume me visita a la hora de crear.No volví a saber de él.
Cada vez que puedo, dejo una rosa en mi terraza, que al rato se vuelve blanca. Yo la
tomo entre mis manos, agradezco al cielo, y se la doy a mi amada, mientras la despierto
con un beso en los labios.<

EL FINAL DEL DÍA (1989)

La tierra se ha levantado, tras el tiempo que no va a regresar. El cielo es el marco eterno a la lucha por la prosecución de sueños fantásticos e individuales, que forman la historia de las ilusiones mortales.
Han sucedido hechos sobrnaturales en las villas de todos los puntos del planeta, el viento se atrevió a traer los más preciados recuerdos para aquellos que nunca se animaron a mirar para atrás.
Y la luna llena, iluminando los pasos de la gente en las tristes noches, llegando a convertirse en un poeta más. Devolviendo en forma de luz, toda la poesía que fue escrita en su nombre.
El mar ha traicionado su color original, presentándose rojizo y sin piedad. Regalando cuentos de sirenas a todos los marinos que aún necesitan escucharlos.
Las rosas han vuelto a perfumar con sus mágicas fragancias por los largos páramos verdes de las historias de Hadas.
Las estrellas han dejado de entonar su himno celestial y se han colocado en fila.
Cada habitante en todo el mundo ha elevado su vista hacia lo profundo del infinito.
Rapidamente, una luz de tonos pasteles, con energía y fuerza, ha comenzado a descender por cada tramo de suelo habitado. Incluso los animales han mirado. Y la luz se ha posado sobre todos... sobre todo.

Todos los seres vivos del planeta sienten que respiran, pero con mucha más paz y sabor que antes, por supuesto, ha comenzado el final del día. Un día que ha durado nada más que cien millones de años.<

LA ROSA MÍSTICA QUE ENCONTRÓ MAITE (1992)

Nunca supo si la había buscado en cada camino extraño, en cada rincón de su casa grande y vacía. Nunca supo por qué la buscaba desde hacía tantos años. La única verdad era, que ahí estaba, frente a la tumba de su madre. Se erguía hacia el sol porque este la llamaba y la invitaba a volar. Pero las raices no la dejaban, la sujetaban demasiado a la tierra y a la realidad. Maite la observaba y parecía comprenderlo.
La veía allí tan solitaria en el viejo cementerio, ese que el clima tanto había castigado, matando sus flores y sus hierbas, secando la tierra. Esa rosa se encontraba ahí con toda esa incomparable belleza y Maite la miraba sin poder hacer nada para que las pocas personas que transitaban por las tumbas notaran tan milagro de la naturaleza.
Era un pecado, tanta belleza guardada bajo el celo cruel de las paredes de un lugar que servía de reposo a los envases de tantas almas.
Era la mística rosa que tanto había inspirado a Maite a escribir sus más bellos poemas de amor. Esos que había enviado por correo anonimamente a mucha gente que ella sabía que sufría, con un remitente que citaba: "De parte de un corazón que aún puede sentir".
Era la misma flor que dibujaba con lápiz negro en la contratapa de su cuaderno de escuela mientras no prestaba atención a la profesora que le contaba que este mundo se dirigía a un ocaso seguro.

Maite la tenía frente a sus ojos. Y la había encontrado frente al lugar donde su madre yacía muerta. Oh! cuanto extrañaba Maite a su madre. Cuantos recuerdos, cuantas palabras sin decirse. Y ahora, justo en el lugar más triste y sombrío, se encontraba la flor que según ella, salvaría su vida. La salvaría de su soledad.
Pensó: "Este no es lugar para una flor. Aquí a la interperie, sola y abandonada. Un lugar donde el sol no puede más que quemarla".
Entonces Maite decidió llevarla a otro lugar, con buena tierra, luz y agua. Donde le pondría una campana de cristal para que nadie la dañara. Un lugar donde ella tocara su violín para que la bella rosa escuchara y se deleitara. Donde ningún animal salvaje o algún hombre salvaje la destrozara.
Maite se acercó a ella. Olió su fragancia fresca como la mañana. Y con sus delicadas manos la cortó del tallo.
La sosotuvo en sus manos apretándola a su pecho, como si abrazara todo lo que siempre había amado, su corazón comenzó a latir más fuerte. Entonces la rosa que Maite había encontrado, simplemente se convirtió en un pájaro azul...y se elevó hacia el cielo. Como si el alma de la mamá de Maite, hubiera encontrado la forma de hacerlo.<

EL OSCURO PASAJERO (1990)

Soy un oscuro pasajero de las calles. Calles que la gente transita segura, inmortal, creyendo que vence a la muerte con una ficha de "video game". Seguros de sus sueños, mientras la muerte sonríe y afila sus garras pisando todas sus ilusiones.

Soy un oscuro pasajero que marcha en silencio. Un oscuro pasajero que se confunde con el gris de las veredas. Un mero observador de las cosas que pasan. Soy un oscuro pasajero esperando que el tren de la Gloria pase algún día. Un oscuro pasajero de pesadillas impuestas e insomnios necesarios. Un simple caminante por los paisajes que tienen su costado trágico.

Soy un oscuro pasajero que lo ha tenido todo, y que lo ha perdido. Soy un oscuro pasajero que transita por las calles creyendo que vence a la muerte, amándola. Y mientras tanto la muerte, sonríe jugando al "video game" que me tiene por personaje.

Soy un oscuro pasajero, tratando de marcar a fuego su nombre en el corazón de la mujer que ama. De la que mira sin comprender del todo, quién soy en realidad.
"Soy el oscuro pasajero", el que se detiene en las puertas y el que escribe lo que siente. El que paga el precio del pasaje, con su dolor y sus ideas. El que narra, el que viaja, el que no envejece, el que de todas formas un día va a morir.

Soy el oscuro pasajero de las calles. Calles cortas. Calles largas. Calles silenciosas. Calles dónde ha nacido gente y dónde tambien ha muerto gente. Calles. Calles conocidas, calles inciertas. Solo calles. Calles con forma de trenes. Con vagones y guardas que nos solicitan el boleto que tanto cuesta abonar.

Soy el oscuro polizón de los lugares públicos. No sé por qué, simpre han querido cobrarme un precio que no existe.
Soy el oscuro pasajero que viaja a través de la gente que nunca mira a ver como me siento, y que a veces me han dejado morir en voz baja sin darse cuenta que al final, viajo el mismo viaje que ellos<

LIBROS DE PÁGINAS AMARILLAS (1992)

Hay libros de páginas amarillas, con ideas decolor negro. Hay libros de páginas blancas con terribles momentos rojos.Hay libros que a lo largo de sus páginas dicen muchas cosas, con pocas pala-bras y otros que no dicen absolutamente nada.Hay libros de páginas desparejas con interminables vocablos que no conducen aninguna parte. Hay libros de muchos tamaños y formas. Hay libros de preciosdiversos. Hay libros que se pagan con dinero y libros que se pagan con lavida. Hay libros de páginas amarillas que contienen ideas color negro. Hay librosde páginas blancas que ensucian el resto de los días. Hay libros que abren caminospero tambien hay libros que cierran caminos. Hay libros que ayudan a seguiradelante y libros que terminan en un callejón sin salida.
Hay gente que ha escrito libros y hay gente que ha asesinado a quienes loshan escrito. Hay libros que duermen en oscuras bibliotecas y libros que hanperecido bajo el abrazo del fuego.Lo que no hay es libros sin alas, libros cautivos. Hay libros de páginas ama-rillas y de tantos colores.
Pero solo existe un libro que contiene los secretos más profundos de mi ser,un libro que es como el mapa de cada uno de mis movimientos, un libro con cadauno de mis defectos y virtudes....pero por suerte, ese libro todavía no hasido escrito.

MÁSCARA DE HORROR (1991)

Agustín no recordaba que le había sucedido durante los últimos cinco años, en los que se
había ausentado de su pueblo, sin que nadie le hubiera informado a donde había estado.
Según Nicolina, su madre, había sufrido un golpe emocional y había perdido la memoria,
a punto tal, que ni siquiera podía reconocer su cara en el espejo. Por eso, Agustín tuvo
que ser internado en un hospital muy lejano de todos sus campos, de todas las fragancias
de la mañana, y de su casa tan colorida y pintoresca en medio de la hierba.
Esa noche, después de esos cinco años que él no recordaba, volvería a encontrarse con
la gente que tantos años atrás había dejado de ver. Agustín se había comenzado a vestir
a las seis de la tarde con su mejor traje de gala. Pero al verlo, Nicolina, le comunicó
con una sonrisa que la fiesta sería de disfraces y que ese atuendo no era el apropiado.

Agustín pensó por un instante, y decidió salir en dirección al pueblo en busca de algo
que se le había ocurrido. Regresó al cabo de una hora con una enorme bolsa negra en la
mano, y raudamente sin que Nicolina pudiera cruzar un saludo con él, entró a su baño a
tomar una ducha.
Se secó, y acto seguido se colocó una capa negra, a la cual sujeto con un cordel de hilo
blanco alrededor de su cintura. De otro paquete sacó una máscara que representaba la
cara del mismo demonio. Con lesiones en las facciones, con grietas sangrantes, tan
perfectamente logradas que cualquiera diría que esa era la cara del mismo Diablo. Se la ató
a su cara y cuando la máscara estuvo bien firme, salió en busca de su madre.
Recorrió el pasillo que llevaba a su dormitorio, con una daga estilo árabe en su mano.
Llamó a Nicolina, quien al salir a su encuentro se quedó paralizada, inerte, con una
mirada sepulcral, con los ojos penetrando al alma de su hijo, mirando el pasado. Y
hasta que Agustín no la tomó de los hombros para sacudirla, ella no reaccionó. Ella
presentó sus excusas a su hijo y se quedó admirando tan maravillosa obra del espanto.
Llegados a la fiesta, y ante la admiración de todos, Agustín mostró su disfraz a
aquellos que por tanto tiempo no lo habían visto. Bailó, bromeó con sus amistades,
comió y bebió, como si no lo hubiera hecho por años.

Al llegar la medianoche, irrumpieron en la fiesta el comisario del pueblo y su ayudante, y
delante de todos los presentes, detuvieron a Agustín por el asesinato de un pescador,
que yacía muerto a la orilla de la laguna, con su rostro desmembrado.
Esa era la máscara de horror, que Agustín había pensado para asistir a la celebración de la noche de
brujas. Agustín había pasado los últimos años en un instituto experimental para psicópatas. Nadie lo sabía, y posiblemente él tampoco.
Solo Nicolina guardaba ese miserable secreto, que para ella ya estaba superado.

Ante el desconcierto de todos los vecinos que se iban quitando las máscaras, y el llanto
desgarrador de Nicolina, Agustín, casi ajeno a lo que le sucedía miró a su madre
mientras los policías lo esposaban, y con una leve sonrisa y mirada serena le dijo:
_Ves mamá?, el smoking me hubiera quedado mejor _

EL OSCURO SILENCIO (1996)

Era imposible respirar en el océano. Era imposible saberhacia dónde se dirigía nuestro Capitán con el barco que nos llevaba a bordo.A pesar de ello, estábamos como el primer día. Sin comprender, sin sentir, sin saber. Siempre el silencio.El accidente que había ocurrido hacía dos días nos había dejado a todos casi mudos. Entonces al silencio del océano, se sumaba otro silencio: el de los seres que planean una secreta ceremonia. Una secreta mascarada para que alguien termine lastimado.El silencio se había convertido en el disfraz de todos los pasajeros. Todo era silencio. Nada más que silencio. Y eso era lo más difícil de sobrellevar.El Capitán tenía siempre los ojos clavados en el horizonte, como si aquel horizonte guardara todos los secretos que nosotros teníamos en nuestros corazones. Como si esa línea allá a lo lejos en el agua, fuera el final de nuestro interminable peregrinar por el camino que se abría ante los ojos. Ante la pronta desesperación. Muchos de los pasajeros tenían la misma vestimenta que usaron el día que partimos de Chipre. Y sin embargo, nadie podía percatarse del olor nauseabundo de las mismas. Tal vez, porque nuestra carne, sabía a lo mismo. Todos éramos seres en estado de putrefacción. Todos éramos lo mismo.Y el Capitán seguía su rumbo. Yo muchas veces me había acercado a él para pedirle que tratara de acertar con la ruta, pero nunca noté que me mirara siquiera.El estaba como atado física y mentalmente a su timón, a su vanidad. Y nos arrastraba a todos a la historia más temerosa de nuestras vidas. Y el silencio, siempre el silencio.
Para el veinte de agosto, ya casi a tres meses de estar naufragando, la comida había pasado a ser un melancólico recuerdo. Y las velas del barco, corrían la misma suerte que nosotros: tenían hambre de viento, viento que ya no estaba a su alcance. Ellas morían bajo el pesado sol, nosotros también. Así era comoestábamos. Y el Capitán siempre en su rumbo. ¿No se daba cuenta que ya no íbamos a ninguna parte?.
En la mañana del treinta de septiembre de ese mismo año, nuestro barco se detuvo. El Capitán ordenó arrojar el ancla. Se paró delante de todos y con su catalejo buscó un extraño punto de color blanco que se acercaba a gran velocidad hacia nosotros.Por primera vez, se animó a no hacer caso de su extraña tozudez. Nos miró a todos y nos dijo con quebrada voz: _Señores, se acerca vuestra salvación.Y luego se retiró a su camarote donde permaneció por varias horas.
Uno de los grumetes tomó el catalejo y observó el punto que ya comenzaba a mostrar sus formas. Y ante nuestra sorpresa, tenía el rumbo que tarde o temprano lo haría toparse con lo que quedaba de nuestro barco.La extraña embarcación tenía una contextura demasiado compleja para nuestros cansados ojos. Además en una parte superior de la superficie, se levantaba una gruesa columna de humo. Era como si se estuviera prendiendo fuego. Pero sin embargo...seguía su curso sin problemas. Y en medio de su curso estábamos nosotros. Cada vez más cerca y ni una humilde demostración de habernos visto.Nosotros sacamos todos los estandartes, gritamos, prendimos antorchas, tiramos ropaje al agua, agitamos los brazos; pero la gran embarcación pasó por encima. Nos partió en dos sin dar señales de importarles algo de los que necesitábamos aunque más no sea un jarro con agua para callar nuestra sed.El barco se alejó y con él, nuestras esperanzas.
Han pasado treinta años desde aquel episodio, y ya son cientos los barcos, de distintas formas, de distintos tamaños, que día a día nos atraviesan por el medio sin prestar atención a nuestro pedido de auxilio. Todos los días nos atropellan y nos siguen enviando a las fauces del oscuro silencio. Porque ahora el Capitán ha decidido, no elevar nunca más el ancla.<

EL OTRO LADO DE LAS COSAS (1990)

Marcel encontró una serie de cartas apiladas junto ala tumba de su hermana Clarisa. Esto lo colocó en una extraña situación antela sorpresa de todos los presentes. Era difícil entender que otra cosa ocurri-ría ese vertiginoso día donde la muerte de Clarisa los había sorprendido.
Todos se miraban sin decir palabra. Todos tenían el gusto amargo en sus bocaspor no haber podido decirle alguna cosa a la pobre difunta. Todo el velatoriocon el féretro cerrado, todo el largo peregrinar alrrededor de una caja demadera lustrada que no podía de ningún modo significar el final abrupto de unajoven muchacha tan vigorosa, tan auténtica, tan bella.Parecía como que no era ella la que se estaba velando. Que ella jamás podía correr la misma suerte de su madre, morir tan pronto. En la plenitud de lavida.Marcel trataba de abrir las cartas que estaban al costado del montículo detierra que sepultaría la energía que tantas tardes había empujado a ser másatrevidos a él mismo y todos sus amigos. Clarisa había dejado de existir.Es decir, la alegría había terminado. Pero...¿y las cartas?.Marcel no podía esperar el entierro. Tal vez era la última voluntad de supobre hermanita.¿Quién las habría dejado allí?. Pero el tiempo corría y la oscura ceremonia del adiós debía realizarse. Pero de pronto, los ojos de los presentes autorizaron a Marcel a leer las cartas tan misteriosas.Marcel se sumergió en la lectura creando un silencio y un vacío sepulcral.Al rato, Marcel miró a todos los que estaban, y con su singular e irónicasonrisa les dijo:_Clarisa nos ha jugado otra de sus pesadas bromas!!.-

MARGUERITE (1992)

Marguerite comenzó a morir en silencio, un abril claro y raramente caluroso. Su rostro
día a día tomaba la tonalidad de los mármoles que distinguen una tumba de otra en los
cementerios. Su pelo, lentamente se iba fundiendo con la almohada. Como cuando un
trapo queda a la interperie en la mañan, y el rocío lo desgasta y lo pega al pasto para
confundirlo con algo que ya no tiene forma.
Ver morir a Marguerite, era como ver llegar a casa, el principio del final de mi existencia.
Desde que ella había llegado a mi vida, no había hecho más que llenarla de luz. Ahora
parecía que un gran eclípse permanecería para siempre.
A pesar de lo inevitable, jamás dejaba de hablarle al oido _No me déjes solo
Marguerite!_ le decía. Pero ella nada podía hacer.
El llanto me atrapaba cada vez que su voz, con forma de un leve suspiro, me nombraba.
Clavaba la vista en el cieloraso y luego levantaba su dedo índice, señalando quién sabe
qué cosa. Yo miraba, pero perdía las fuerzas y pronto entraba en un estado de ausencia,
mientras su mano y su mirada, caían como un gran alud sobre su lecho de muerte.
Cuando el médico la revisó por última vez, lo miré fijamente tratando de encontrar la
palabra esperanzadora. Sin embargo él, no hizo otra cosa que tomarme de las manos y
romper a llorar. Yo lo observaba y no comprendía que extraña fuerza de voluntad me
hacía seguir entero. Cómo lograba soportar esa carga tan dolorosa en la que se había
convertido la agonía de mi esposa.
El médico se despidió para siempre de mi amada y luego me miró con un sepulcral
silencio, que lacró para siempre, con un portazo de resignación ante su incapacidad para
hacer algo por ella.
Lo único que yo hacía era, permanecer sentado a su lado durante todo el día, y a veces
comía. Mis padres siempre que venían, se enojaban mucho. Decían, no poder distinguir
quién era el que estaba agonizando. Pero en realidad tenían razón, yo tambien estaba
muriendo.
El día en fue Marguerite entró en el último tramo de su vida, su carne estaba en estado
de putrefacción, y respira con su fuerza de voluntad. Me paré al lado de la cama, y tras
propinarle una bofetada para reanimarla le dije _Marguerite, amor mío, estás a punto de
trascender a otra vida, y yo nda puedo hacer para evitarlo. Yo me he quedado noche y
día a tu lado velando por ti en tu agonía, ¿y ahora qué?...¿me dejarás solo tan solo, aquí
sin tu compañía?. Es injusta esta suerte que deberé correr. Y no la acepto, no la quiero.
Quiero detener el tiempo ya mismo y retenerte para siempre. Conservarte. No importa
en que estado. He vivido solo para ti. He caminado cada camino que tus ojos han
insinuado. He permanecido en tu corazón desde la primera vez. Entonces ¿debo dejarte
morir?.
Marguerite, sopresivamente, reaccionó y levantó su mano hasta alcanzar mi mejilla.
Abrió sus ojos y clavó su mirada en los míos. Respiró apresuradamente y me dijo _ Mi
amor, yo no voy a dejarte solo.
_ Esposa mía, la muerte te está abrazando y tu te abrazarás a ella. Yo necesito de tus
palabras. No quiero que me condenes al triste silencio de no oirte más_ le respondí.
Ella sonrió, como el sol asomando detrás de mil nubes y dijo _Siempre estaremos
comunicados, mi paso a otra vida no terminará con nuestras palabras.
Entonces llorando y sobre su cuerpo grité _ ¡Entonces continúa hablando, por toda la
eternidad!. Por favor Marguerite, habla, no cálles. Cuentame como irá sucediendo tu
muerte, si lo haces, tal vez no te pierdas en el silencio eterno.
Marguerite tosió tan fuerte, que derramó un grueso hilo de sangre por su boca, y luego
por su naríz. Después, sonrió y comenzó a hablar.
_ Ya se acerca el momento. Estoy caminando por un pasillo revestido con un muzgo
gelatinoso que se pega a mis piés. Ahora veo una gran puerta que se abre y se cierra
repentinamente. Atrás hay una luz, muy brillante, pero no quema los ojos. Siento que me
muevo. Me muevo hacia ella. Alguien camina a mi lado. No puedo ver quién es. Solo
camina. Y se detiene. Y con su mano señala la puerta. La puerta se abre ahora...parece
que alguien esta dentro, porque todo se ha detenido. Como si fuera una fotografía, y el
miedo se ha ido...Un ser maravilloso me extiende la mano, y yo se la extiendo tambien.
Me sujeta y por primera vez en mi vida, siento paz..."hay un jardín azul al pasar la
puerta".

Ella se quedó en silencio y murió apaciblemente. Su cara conservaba una sonrisa y la
habitación se estremeció con un frío insoportable que me heló el alma. Marguerite había
faltado a su palabra, ella se había callado para siempre. Me había quedado solo, en
silencio.
A partir de ese momento, ya no volví a pronunciar palabra alguna. No hablaba con
nadie, ni siquiera para solicitar alguna cosa. Ninguna palabra tenía sentido para mi.
Todos los atardeceres, caminaba por la costanera del Río de la Plata y me quedaba
horas contemplando el horizonte soñando que algún día Marguerite volvería a hablar
Aquella noche, el horizonte dejó escapar un haz de luz que me llamó la atención. Me dí
vuelta y ahí estaba esa mujer, absolutamente distinta a Marguerite, pero con todo lo que
ella me significaba.
Me miró con ternura, tocó mi mejilla, y tras darme la mano, me invitó a caminar por las
aguas, en dirección al horizonte.
Yo la miré extrañado hasta que ella con una gran sonrisa dijo suavemente _"Hay un
jardín azul al pasar la puerta".<

LA MIRADA PERDIDA (1994)

Cómo podíamos saber que tarde o temprano él volvería a casa. Cómo pudimos omitir ese
pequeño detalle. Si debíamos haber adivinado que un día regresaría a buscarnos.
No podía ser de otra manera, había crecido a nuestro lado. Su sangre le diría que tenía que dirigirse hacía aquí. Que aquí, encontraría su descanso luego de todo lo vivido.
Cómo no iban a regresar a su mente las imágenes de la infancia, en donde corríamos por
el patio y trepábamos a los techos para que la miseria no nos llegara a tocar. Cómo no
iba a regresar a él, el eco rabioso de las palabras que nos mostraban sus ideales y sus
sueños. Los sueños del poeta reprimido que no lograba expresar sus sentimientos sino a
través de un papel escrito.
Cómo no lo iban a traer los colores del ocaso, rebotando sobre las chapas de zinc ante
los cuales permanecía quieto durante largo rato.
Cómo pudo ser posible que nos tomara tan de sorpresa y en un día tan especial. Martín
regresó a casa, tras haber estado varios años internado en un instituto psiquiátrico para
criminales, por haber asesinado cruelmente a nuestros padres, sus propios padres.

Comíamos tranquilos en el fondo de la casa, junto a la parrilla, donde mi hermano
mayor había dejado la leña para el asado; mientras mi hermana menor preparaba una
ensalada.
Fue cuando nuestro hermano Martín se presentó con la mirada perdida, con sus ojos
que señalaban y acusaban, pero quien sabe qué veían. Nos miró. Nos miró fijo. Pero
no nos miraba a nosotros. Miraba a esos niños que una vez habíamos sido.
Sonrió ante nuestro espanto y asombro, y abriendo los brazos, corrió hacia nuestra
hermanita para abrazarla.
Ella aterrada, recordando escenas que tal vez se refrescaron en su joven mente, tomó el
hacha que yacía en el piso y se la asestó a la cabeza. Martín se desplomó como un
pedazo de madera talada para romperse contra el suelo.
Miramos a Martín tirado en el pasto, con los ojos abiertos. Y su mirada perdida, siempre
perdida. Como cuando era chico y nos decía: _Mis papás no me quieren _

LA CUEVA DE LAS BOGAS (1992)

Martinico regresó después de muchos años a su casita ubicada en una isla del Delta del
Paraná. Recordó toda su infancia con tan solo mirar el terreno, parecía que todo
cobraba vida otra vez. Nuevamente sus padres dialogando de temas banales. Sus amigos
invitándolo a la ocurrente locura del día. Y sus hermanos huyendo siempre de su lado.

Entró a la casa por la puerta de servicio, como solía hacerlo en esa época. Se quedó
pensando por un instante, que su vida había quedado para siempre en cada rincón de
esa casita de fin de semana. Llegó a la conclusión de que había sido un error haberse
alejado de su pasado, que tan vivo se mantenía en ese lugar.
La naturaleza desbordada e incontenible, el río creciendo y besando las costas. Y los
ojos del monte siempre observando sin darse a conocer. Y Martinico supo que haber
vuelto fue lo más acertado que había hecho en años.
Sus recuerdos lo tomaron tan de sorpresa, que salió corriendo en dirección al viejo
muelle. Sus maderas rechinaban con tanta fuerza, como reclamando al tiempo una
reparación moral, ya que en tantos años el clima lo había tratado como a un juguete.
Martinico no comprendía esto.

Con su respiración entrecortada, con los ojos bien abiertos y lagrimeando, apareció ante
él un gratísimo recuerdo, su lugar preferido para pescar.
Con una amplia sonrisa regresó a la casita y buscó entre las telarañas, una cañita y una
línea de pesca. Salió y se sentó frente a ese lugar al que llamaba "la cueva de las bogas".
Pero antes de comenzar a pescarlas, sintió vergüenza por haber abandonado su mundo
por tantos años. Entonces, se acostó boca abajo en la orilla y repitió como siempre lo
había hecho, su ceremonia: Sumergir la cabeza en el agua para pedir permiso a las bogas
y poder así pescarlas.

Al mediodía arribó a la casita de Martinico una lancha colectiva de la cual descendieron
sus amigos. Inmediatamente comenzaron a buscarlo. Una de las chicas del grupo
comenzó a reír desencajada al ver a Martinico tirado boca abajo con su cabeza
sumergida en el agua, como cuando un avestruz esconde su cabeza en la tierra.
Los demás se acercaron rápidamente para compartir la broma de Martinico. Pero uno
de ellos se agachó y levantó el cuerpo, al cual le faltaba la cabeza, mientras la sangre era
vertida por el río y era llevada en alguna dirección incierta; como años antes también se
había llevado los sueños del pequeño Martinico.

EL AGUILA NO VOLARÁ NUEVAMENTE (1988)

Ubicó el terreno con su aguda vista. Comenzó a planear dando vueltas aterradoras
sobre el objetivo. Extendió lo mejor posible sus alas. Su sombra en el suelo formaba una
perfecta cruz. Abrió sus garras. Emitió su sonido de muerte...
Todas las criaturas del lugar, quedaron paralizadas mirando hacia arriba, ninguna de ellas
podía saber quién sería la víctima del ave. Ningún animal podía moverse siquiera un
segundo para refugiarse. Todos estaban entregados, ninguno pondría resistencia. Era
horrendo morir cansado.
Entregarse así a la muerte, era parte de cada día de sus vidas.
El águila comenzó a elevarse de una manera en que ningún ave lo había hecho jamás.
Cuando llegó al más inesperado infinito, se dejó caer con su pico hacia adelante hasta
tomar la forma de una daga. Con sus alas se dio aún más envión. Todos los animales
lograron percibir un ruido extraño, como el grito desgarrador de la muerte señalando su
presa. Ruido como a motores que la animaban y le daban velocidad.
Cuando estaba a unos pocos metros del suelo, todas las criaturas cerraron sus ojos
deteniendo el tiempo.
águila se estrelló en el campo y se produjo una gran explosión. Sus piezas quedaron
desperdigadas por todas partes.
Dos muchachos con un sofisticado equipo de control remoto, llegaron hasta el sitio del
impacto a lamentarse por la pérdida de su novedoso prototipo.
Los animales se quedaron observando y luego retornaron a sus actividades naturales a
esperar que otro día, un águila volviera a aparecer en busca de alimento.<

DE LOS COLORES QUE LLEGARON DESDE EL CIELO (1989)

Soplas viento, morador en tantas ocasiones de las tinieblas. Tinieblas frías y cansadas, de ser solo tinieblas. Pero soplas fuerte viento. Soplas y lo llevas todo contigo. ¿Hacia qué lugar?. Dicen que el viento los amontona...pero ya hiciste demasiado.
Que grises se han tornado los paisajes de este mundo hostil y amargo. Cuántas lágrimas no volverán a correr por tu culpa. ¿Acaso el llorar no era uno de nuestros derechos?.
En qué se habrán convertido miles de millones de lágrimas que hemos almacenado dentro del cuerpo. Nos hiciste creer que llorar, era símbolo de debilidad.
Debilidad para quién ¿para Dios o para los hombres?.
Seguro no te ha de importar. Seguro sigues soplando en dirección contraria. Y ni siquiera te apiadas de las lastimosas manos de algunos débiles. Los arrastras igual. No te interesan sus lamentos y súplicas.
Yo se la verdad, temible viento. Has trabajado tanto tiempo para la oscuridad, que ya, no oyes.
Y pobres aquellos que miren el valle después de tu paso, porque solo verán lo gris que lo has dejado. Gris de lamentos, gris desesperanza, gris desaliento, gris, gris, tan solo gris.
Las piedras grises. Grises por fuera, grises por dentro.
El pasto gris. Gris por fuera, gris por dentro.
A los hombres grises. Grises por fuera, grises por dentro.
¿Contento con lo que has logrado viento?....perdón, lo olvidaba, ya no puedes escucharme.

Pero en toda la perfección de tu oscura obra, un detalle que no has notado. Mira...allá, por los cielos. Si!!!, son aves. Aves que utilizaron tu fuerza de viento para desplazarse desde las sombras hacia la luz. Y mientras soplabas por todos lados, y mirabas hacia abajo; las aves se te reían en la espalda, y jugaban con destellos de tus brisas. Tu fuerza de viento, que todo volvía gris, era tambien una herramienta del Padre de los Cielos, que se reía de tu ceguera. Se reía de tu esfuerzo mal aplicado. Y entonces servías para que sus pájaros amados, fueran burlándote a cada rato, mostrándole tus puntos vulnerables.
Se han estado burlando de ti Viento sombrío. Pero no con maldad, sino, con la risa de los padres que ven cometer errores a sus pequeños hijos para que solos vayan creciendo. ¿Ya habrás crecido viento?...parece que eso si lo escuchaste.

Ahora detente. Deja de soplar por un momento. Prepárate para otra función del Mundo Celeste. Siéntate y ponte cómodo, observarás desde la primera fila. Y mira, tan solo mira.
Fíjate como los colores empezaran a descender del cielo. Colores que ya no reconoces. Colores que ya no te pertenecen. Colores con los que alguna vez desfilaron las almas de todos esos seres que amontonaste en la oscuridad. Colores que dan vida y ganas de volver a construir todo otra vez. Mira como esos colores se apoyan en todas las cosas y en todos los seres. Es más, creo que a ti te pintarán tambien. Y cuando mañana pases por el gran lago, al verte reflejado con todo tu nuevo color en el agua, recordarás.
Entonces te darás cuenta que mientras creías que le dabas a todo una tonalidad gris, lo que en realidad hacías era, pasar sobre todas las cosas como una gran espátula, quitando la pintura vieja y gastada, quitando las amarguras roídas, las felicidades oxidadas; para que un día, cuando el Padre lo dispusiera, daría una nueva mano de color a todas sus creaciones, incluyéndote a ti, mi querido Viento.<

UNA PLAZA DE NOCHE (1989)

Griselda salió a caminar como tantas otras noches. Ahogar sus penas era lo único que
quería. Llegó a la plaza y se sentó en uno de los tantos bancos. Ella que nunca quizo ser
una más, ahora lo era, mezclada entre la gente común. Estaba sola, con la noche
cayéndole encima y en aquella plaza. La que otras veces la había visto caminar pensando
en sus amistades, en aquella plaza donde fue presa de un fuerte abrazo, en aquella plaza
donde pasaron cerca los mejores años de su vida. Aquella plaza donde se sentía
realmente felíz.
Pero ahí estaba, sola, sentada y con la luna casi invitándola a dejar de luchar por sus
cosas. Hacía tanto tiempo que su amado Daniel había fallecido, y tanto tiempo que
tomaba recuperarse. Miraba su interior y tan solo abundaba un gran clima de desidia.
Ya no le importaba cuanto permanecería sentada en ese banco, ni mucho menos si
alguien la veía llorando.
Pero por esa extraña mágia que nos regala la noche, Griselda respiró algo distinto. Tal
vez un aroma a cambios que parecían llegar hasta su asiento. Aromas que le hacían
recordar otros momentos vividos, momentos que ella añoraba y que ya, le eran ajenos.
Algunas personas, están al márgen de la dicha, ella sostenía.
Pero la fragancia se fue transformando en un perfume que ella reconoció al instante.
Atinó a darse vuelta, y al hacerlo, vió que un hombre se había sentado en el banco
lindero. El hombre miraba la calle algo pensativo. Griselda no pudo contener su extraña
curiosidad por el individuo que había perfumado su estancia, y le tocó el hombro.
_Acaso te conozco?, me gustaría saberlo, porque tu perfume ha revivido en mi, otros días
en los que llegué a ser felíz_ dijo Griselda.
_Puede ser, soy un hombre que suele caminar mucho por la noche. Hace tiempo que lo
hago. Voy por las calles juntando las piezas de la felicidad que algunos pierden. A veces
sueño con poder armarlas todas y hacer que alguien vuelva a ser felíz_ explicó Walter
ante la sorpresa de Griselda que asintió con una sonrisa.
_Creo que tus palabras, además de bellas, contienen parte de mis ideas. Es curioso,
estamos sentados en una plaza, de noche, solos. Cada uno cantando una canción de
cuna a su propia soledad. Y sin darnos cuenta, podemos ser prisioneros del sueño del
otro. Alguno de los dos está soñando. Uno recrea esta situación que nos tiene por
protagonistas a ambos _le dijo Griselda a Walter que se sentó a su lado.
_No creo que sea un sueño. Es el destino. Vos esperabas a alguien a quien poder
escuchar. Y yo, simplemente, tenía ganas de decir algunas palabras que me había
guardado por mucho tiempo_dijo Walter.
Griselda se puso de pié algo seria y miró a Walter _Basta, no tengo que hablar con
alguien que no conozco. No quiero perder así mi tiempo.
_Tal vez esto sea lo que andabas buscando_replicó Walter.
_Ya no es tiempo de esperar nada. Llega un día donde alguien puede elegir entre todas
las cosas que tiene y quedarse con lo que más le guste. Pero una noche se da cuenta que
eso, se acabó y ya no queda nada por lo que seguir adelante_ contestó Griselda.
_¿Cómo una mujer puede decir una estupidéz así? ¿Acaso no es importante el hecho de
que puede haber un "mañana"?_ preguntó Walter algo enojado.
_No creo en el "mañana", en lo que ha sido mi vida, es tan solo una simple y común
palabra_ respondió ella llorando.
Walter secó las lágrimas de Griselda y la miró a los ojos. Pasaron quizá, varias horas
hablando de tantas cosas que a ella le iluminaron el corazón. Hablaron de la vida, de la
poesía, de la gente, de las flores, de algunos filmes, de canciones de amor, de algunos
recuerdos de la infancia.
Al promediar la madrugada, Walter tomó a Griselda entre sus brazos y la besó tan
tiernamente que ella tardó varios segundos en abrir los ojos.
Walter le contó que trabajaba en uno de los tantos negocios de ropa de la calle
Corrientes, en el barrio del Once. Tal vez para que ella lo buscara alguna vez. Pero
cuando el sol estaba por asomar arrastrando consigo el nuevo día, Walter se levantó
para despedirse.
_Ni siquiera sé tu nombre_ dijo Griselda.
_¿Mi nombre? ¿Importa que me llame Walter? Lo importante es que
hayamos estado en el momento oportuno_ contestó Walter.
Griselda se levantó y le tomó las manos _No se si nos volveremos a ver, pero ¿me
hubieras llegado a querer?- le preguntó.
_Me tengo que ir_ dijo Walter esquivando la pregunta.
_¿Te voy a ver otra vez?_ insistió Griselda.
_No lo se, tal vez "mañana"_respondió Walter mientras se alejó con una sonrisa tan
especial que evitó las lágrimas de Griselda, que retornó a su caminata rumbo a su
solitaria vivienda.

A la mañana siguiente, Griselda salió a recorrer la zona del Once sobre la Avenida
Corrientes. En su búsqueda desesperada por varios negocios, y cuando ya parecía
imposible encontrar algún rastro, entró en un negocio de ropa y ahí estaba. Era una
fotografía amurada a la pared. En ella, la imagen de Walter, sonriente abrazado a un
amigo. El dueño del negocio, a quien Griselda reconoció como el otro que estaba en la
fotografía, se le acercó.
_¿Deseaba algo señorita?_ preguntó el vendedor a Griselda que no despegaba su
mirada de la foto.
_Quisiera hablar con Walter. Anoche no pude decirle todo lo que sentía_ respondió
Griselda.
_Debe haber un error!_ dijo el vendedor poniéndose serio _ Walter falleció hace tres
años_ prosiguió ante la mirada pavorosa de Griselda.
_No puede ser_ ella comenzó a llorar _es imposible. Anoche, la plaza, las palabras,
"mañana".No puede ser verdad que esté muerto. No creo que me entienda, pero sé que
estuve con él_ explicó Griselda.
_Walter murió, créame, era mi mejor amigo_ le dijo el vendedor mientras Griselda sin
ánimo se dirigió a la puerta. Pero el vendedor la detuvo y la miró a los ojos.
_Yo tampoco puedo aceptar su ausencia, siempre me parece como si estuviera a mi
lado todavía. Lo extraño. Es difícil acostumbrarse a vivir sin su magia_ le dijo a Griselda.
_Entonces solo fué un sueño!_acotó Griselda quién retornó a su dejada tristeza.
_Siento mucho que nadie le haya avisado antes de su muerte. Pero no se vaya mal por
mi culpa!_ dijo el vendedor.
Griselda soltó un gran suspiro _No es nada, no se preocupe_ lo tranquilizó con una débil
sonrisa.
_No quiero ser atrevido, pero, me gustaría alguna vez tomar un café con usted. Si le
parece bien_ insistió el vendedor.
Griselda lo miró y le preguntó _ ¿Cómo se llama usted?.
_Me llamo Daniel. ...Entonces ¿acepta?_ preguntó.
Y Griselda algo contenta y con lágrimas en los ojos le respondió_ Tal vez...mañana.<

EL AGUJERO EN EL CIELO (1993)

Tomás Aguirre, era un hombre de casi sesenta años de edad, su pelo blanco y castigado por el viento, con su piel endurecida por el paso del tiempo y las brisas marinas que siempre adoró. Sus años de marinero en la compañía marítima E.L.M.A., le habían dejado una pensión suficiente como para comprar un pequeño islote en una zona no muy alejada del delta del río Paraná. A este lugar, Tomás bautizó con el nombre de "Isla del Solitario", y ese nombre era el indicado, ya que era muy difícil ver alguna embarcación por ese sitio. Era el sueño realizado de ese viejo "lobo de mar" que o aspiraba a otra cosa más, que a la soledad.
Nunca se casó, ni mucho menos en haber arriesgado todo en busca de un amor en algún puerto. Nunca faltó alguna mujer que a cambio de unos billetes le completara la cuota mensual de cariño.
Tal vez al comprender que se enfrentaba a algo totalmente extraño a todo lo conocido, decidió concurrir a buscar a un viejo periodista amigo suyo, para enseñarle algo que había descubierto con el último amanecer.
Llevó a su amigo desde el puerto de Tigre hasta las cercanías de su Isla del Solitario, para que viera con sus propios ojos lo que él había visto con anterioridad. Llegaron al lugar en su modesta lancha y así el periodista, pudo contemplar algo que nunca hubiera imaginado nadie.
El cielo celeste, limpio, claro, se veía alterado por una mancha negra en forma de cuadrado matemáticamente perfecto. Era como si en el cielo se hubiera abierto un agujero que comunicaba directamente al infinito. El periodista quedó con la boca abierta y absolutamente paralizado por lo que tenía ante sus ojos. No era un relato de un marinero solitario y loco, era la realidad ante sus narices. En sus mentes pasaron muchas explicaciones demasiado íntimas como para contarlas el uno al otro. Por eso no notaron, que habían permanecido ante el fenómeno durante varias horas.
Tomás invitó a desembarcar a su amigo en su casa a tomar algunos mates, pero el periodista ante tal producto que solo estaba acorde a la ciencia-ficción, no dudó en rechazar la invitación. En cambio solicitó a Tomás, que lo acercara a Tigre nuevamente. Al llegar, Tomás le solicitó a su amigo que no contara a nadie lo que habían visto, ya que esto, alteraría la paz y tranquilidad de su morada. Lo que Tomás nunca había aprendido de sus hazañas de altamar fue que jamás podía pedirle a un periodista que guardara silencio, y más siendo una primicia de este nivel.
Tal vez era el descubrimiento más importante del siglo, y nadie rehusa pasar a la historia por algo similar.
Su amigo periodista publicó a la mañana siguiente una nota titulada "El final del Universo". Llegando a escribir cosas como: "...es así como ese extraño cuadrado puede llevarnos a la solución de los problemas que han aquejado al hombre desde la era de las cavernas, pudiendo ser el paso a una Dimensión donde podamos manejar a placer el espacio y el tiempo. A mi humilde menera de ver las cosas, el agujero es la entrada Divina hacia una vida mejor y eterna".

¿A su humilde manera de ver las cosas?!. ¿Cómo un comunicador podía colocar tanta carga de opinión irresponsable en una nota periodística sin saber de que se trataba el fenómeno?. ¿Cuánta gente se volcaría masivamente a pararse frente a tal solución de los problemas existenciales?.
La respuesta no se hizo esperar demasiado. A la mañana siguiente, Tomás había llegado a Tigre para realizar unas compras. Notó movimiento turístico no muy acorde para esa época del año. Su incertidumbre concluyó al notar que era rodeado por cientos de periodistas que lo fusilaron a preguntas (justo a él, que tanto odiaba a la gente).
Sin poder pronunciar palabra, ya lo habían embarcado en un impresionante buque de Prefectura Naval, para que los guiara hasta su descubrimiento. Detrás de la embarcación se encolumnaron cientos de barcos, lanchas, yates, bote, veleros, y motos acuáticas. La columna medía ochocientos metros de ancho por más de mil metros de largo, como una plaga avanzando sin control hacia lo desconocido. Tomás observaba, mientras era fotografiado, a esa comunidad navegando detrás suyo sin poder evitarlo.
Cuando se acercaron a casi quinientos metros del cuadrado negro, la exclamación retumbó en el río que seguía su curso hacia algo nunca visto.
Como tiempo después comentara Tomás Aguirre: _En esas masas de personas, nunca faltan los estúpidos que desafían lo increíble para llamar la atención de todos, haciendo proezas que generalmente terminan en la peor de las desgracias.
Fue tan repentino, que todos decidieron observar como un espectáculo más. Cuando una lancha deportiva apareció de la nada y se adelantó a la procesión en dirección al cuadrado que proyectaba su sombra en el agua. Esa sombra era de trescientos metros de lado y parecía tener vida. El piloto de la lancha, se dirigió hacia la sombra pasando a gran velocidad por el costado de la misma. Como esto no le alcanzó para satisfacer su vanidad, propuso a su compañero, realizar una pasada por la sombra sobre unos patines de esquí acuático. Dieron la vuelta, se alistó el esquiador e ingresó a la sombra que el agujero proyectaba. Como Tomás explicara tiempo después: _ Nunca nadie va a olvidar como el esquiador fue "chupadao" por el cuadrado y tragado por el infinito.
La gente comenzó a gritar espantada y el piloto de la lancha dió una brusca vuelta en rescate de su desafortunado compañero. Ni bien entró en la superficie de la proyectada sombra, la lancha y su ocupante fueron presas de la misma suerte. Desaparecieron volando hacia el interior del cuadrado. Se elevaron como cuando un tornado envuelve en sus brazos a un arbusto y lo debora sin dejar rastros de él.
Las primeras lanchas que estaban muy cerca de la sombra del cuadrado, dieron aviso de no avanzar al resto de la caravana que se acercaba ciegamente sin comprender bien que sucedía adelante. Pero, ¿es posible detener la idiotéz humana una vez en marcha?. Claro que no!.
Las embarcaciones seguían avanzando en total confusión, arrasando con la primer mitad de la multitud, como una avalancha empujando a miles de personas a su fin seguro. Algunas embarcaciones lograron pasar por los costados; otras pudieron salvarse estrellandose contra la orilla. Pero entre gritos y desesperación, muchas embarcaciones con sus tripulantes, fueron a parar a algún lugar del universo, absorbidas por ese fenómeno sin control.
Fue un gran número la cantidad de desaparecidos y mayor aún el remordimiento de Tomás por haber dado a conocer su descubrimiento.
En pocas horas el lugar fué cercado por la Prefectura Naval y la Marina de Guerra. Científicos de todo el mundo comenzaron a llegar a las fauces del agujero del cielo, ese que parecía burlarse de la ignorancia de los más sabios.
A pesar de las investigaciones, todo fué inútil, había que acercarse demasiado y era peligroso, aunque solo era absorbido lo que ingresaba en la proyección del cuadrado sobre el río.
Un vuelo de reconocimiento a cargo de un avión Mirage de la Fuerza Aérea, fué otra de las tantas tonterías que se cometieron en los días de las investigaciones. Según un científico, si el avión atravesaba la zona del cuadrado a la máxima velocidad, la fuerza centrífuga de este no lo afectaría debido a los tiempos en que actuarían las distintas fuerzas. El avión despegó de la base, y ni bien atravesó la proyección, desapareció para siempre.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades internacionales por justificar lo ocurrido, todo quedó en pobres teorías. La humanidad hizo lo que siempre hace en estos casos que no pueden explicarse, lo negó todo y le dió la espalda.
Si bien la ciencia continuó con los estudios, la desinformación, se convirtió en una trampa mortál para aquellos niños que jugaban por la zona con pequeños veleros.
Entre los científicos que quedaban, y algunos ocasionales turistas, la casa de Tomás parecía una cantina. Tomás no podía soportar un segundo más. Y aunque no lo admitía, ya estaba entablando conversación con cualquiera que se lo propusiera. Hasta llegó a dejar que le tomaran una fotografía (luego típica) de él con el fondo donde se apreciaba el agujero negro.
Pasó un año y la comunidad científica reunida en Paraná, declaró que la existencia de un agujero en el cielo, en una zona del delta del río, era tan solo una fantasiosa leyenda, creada por los pobladores a fin de incrementar el turismo regional.

"Una fantasiosa leyenda". Como si las almas de los desaparecidos fueran tambien parte de ella. Quién le explicaría a todos esos familiares que sus seres queridos, nunca habían desaparecido, es decir, nunca habían existido. Pero, "la ciencia tiene la última palabra", recordaría Tomás.
Al poco tiempo, nadie regresó a la zona. La isla del Solitario, recuperó su tranquilidad. Tomás no extrañaba a la gente, y se distraía todas las tardes tomando mate contemplando el cuadrado que aún permanecía en el cielo, que según la gente, no existía.
A Tomás lo divertía ver cientos de pájaros que volando por ahí, eran devorados por el agujero siniestro. En oportunidades, hasta llegó a ver a suicidas, que remando en débiles canóas, lo saludaban y se entregaban a la fatalidad de cuadrado.
Cuando este fenómeno era algo cotidiano en la vida de Tomás, ocurrió un extraño suceso.
Estaba sentado como todos los atardeceres, con su mate, cuando escuchó un estruendo que provenía del interior del agujero. El ruido se hacía cada vez mayor, como si algo se acercara. Tomás se puso de pié algo temeroso. La sopresa fue grande, cuando de esa trampa universal, salió despedida una nave espacial de esa que Tomás había visto en las películas futuristas. Su forma era alargada y medía unos setecientos metros de largo, con unas inscripciones extrañas de ambos lados. Practicamente envuelta en llamas, se clavó de punta en el fondo del río, dejando sobresalir su parte posterior sobre la superficie del agua. Tomás intentó acercarse para ver más de cerca lo que quedaba de la nave espacial, pero, poco antes de que él llegara, el fondo débil y fangoso del río cedió, y la nave se fué a pique sin dejar rastro.
Tomás dirigió su vista al cielo, y vió como un fuerte resplandor, selló el cuadrado que había permanecido por tanto tiempo, y el cielo de la isla del Solitario, volvió a la normalidad.
Tomás retornó a su islote, se sentó en su silla y se cebó unos mates. El sabía que al informar sobre la nave que había caído al río a través del hueco, la ciencia mundial encontraría al fin respuestas a tantos siglos de incertidumbre. Que sería una manera de aprender sobre otros mundos y sus civilizaciones. Que sería un paso gigante para la humanidad. Tomás tenía la llave que abriría las puertas a un futuro diferente.
Tomás también sabía que volverían otra vez científicos y turistas a perturbar la calma del lugar.
Y para Tomás Aguirre, no había nada mejor que tomar mate, acompañado del río y el viento, en su isla del Solitario. Por esto, decidió nunca más abrir su boca.<

SOBRE LA FELICIDAD Y EL DOLOR (1995)

Al principio, miraba la sonrisa de los que me rodeaban, mas tarde comencé a mirar que mi rostro podía desprender una sonrisa y lo mejor... podía arrancar sonrisas a los demás. Creía que la felicidad era esa "chispa" que nos mantiene vivos a todos. Sin embargo un día me abrazó el dolor como una llamarada eterna que se mantuvo dentro de mí, quizás por siempre. Entonces, todo parecía haberse dado vuelta, no sabía como mirar ahora este nuevo universo que se habría para mí. ¿Cómo puede ser? El dolor permanece por siempre y la felicidad apenas dura un instante... y si, la realidad era esa.
A partir de ese momento me sentí condenado, absorto, triste, lastimoso. No podía más que resignarme.
Una noche, una estrella fugaz atravesó el cielo de la terraza de la casa de mi humilde infancia. La estrella rajó el cielo oscuro en dos, y dejó una estela tan brillante que jamás pude olvidarla. Sonreí, me emocioné. Creía que es espectáculo maravilloso era un regalo del mismo Dios para mi solo. Cómo si él supiera lo mucho que necesitaba ese instante en las desoladas noches de mi alma.
Tal vez esta pequeña representación de la naturaleza, sirvió para que pudiera considerar lo que sentía y mi visión al respecto del mundo.
El dolor, llega, penetra la piel y ya nunca pero nunca más se aleja de nosotros, vive con nosotros, sufre con nosotros, teme con nosotros y por sobre todo, envejece con nosotros.
En cambio, la felicidad no. Llega, comparte nuestro espacio por una leve fracción de segundo y luego se disipa en el aire para el resto de la eternidad.
Pero... ese recuerdo de ese instante regresa a nosotros infinidad de veces, repetidas veces, incalculables veces, a lo largo de toda nuestra vida. Pero siempre regresa igual, joven y fuerte, cándido y fresco, inocente y glorioso. En cambio el dolor, siempre se muere dentro de nosotros.
Es como si nuestra vida fuera un "cementerio de dolores" pero al mismo tiempo es un "jardín de pequeños brotes de felicidad".
Y en realidad, así he vivido mi vida. Dejé de creer que algún día alguien traería la felicidad a mi vida atada como si fueran una cantidad de globos de colores, para sentir que nosotros, todos, éramos actores de una gran "comedia celestial" en la cual el guión siempre nos marca los pasos, y nos encarrila indefectiblemente hacia el sufrimiento, pero cuando menos lo pensamos, una brisa fresca nos moja las orejas y nos despabila de nuestra realidad. Se convierte es esa Felicidad tan buscada. Es así... la felicidad que se busca jamás se encuentra. La felicidad llega por asalto en los momentos menos pensados, sorpresiva y traicionera, pero llega, llega siempre. Y así como llega, se va.
Claro, todos buscamos la felicidad cerca, pero a veces la respuesta está en saber cuando llega el momento de dejarnos atrapar por esta bocanada de aire fresco, sin perder la fe. Haciendo de cuenta que no nos importa que llegue, pero emocionándonos hasta las lágrimas cuando aparece en forma de un refresco para el alma que dura solo un instante...pero para siempre jamás.

PASADO (1995)

Mira el cielo, ahora que puedes. Mira el cielo y siéntelo entrar en tus ojos, como una
imagen que deberás obligatoriamente recordar. Escucha el canto de algunos pájaros que
parecen presentir lo que se acerca. Mira la Piedra que se mueve, escucha su llanto. La
Princesa Piedra se quiere tirar desde lo alto. Aún no lo ha hecho. Mientras tanto,
nosotros vamos a cantarle todos los días nuestro dolor.
_Hermanos, todos aquí!_ bajo la Princesa Piedra que nos quiere dar aviso, ella, pronto
se quitará la vida para no vernos morir. El hombre blanco se acerca, sus cabezas con
puntas platedas regarán de sangre nuestra tierra. Desde la entrada del valle, hasta el
palacio de la Piedra, todo se habrá convertido en silencio.
¿Quién quedará con vida para contar al mundo lo que fuimos?. ¿Quién apagará nuestro
fuego interminable?. ¿Quién derramará una lágrima en honor a nuestra memoria?.
Miren hacia allá, en lo alto. Miren el sol derramando fuego. Miren como se esconden las
primeras estrellas del ocaso, por vergüenza. Ellas saben que no podrán hacer nada para
cambiar el curso de la historia.
Pero un día vendrá el poeta con su mágia y le devolverá la tierra a nuestros fantasmas. Y
encenderá el fuego alrededor del cual, danzaremos como lo hemos hecho hasta hoy. Y
tal vez...tal vez, podamos perdurar a pesar de las nuevas huellas que borrarán las
nuestras.
Princesa Piedra, nos mira y sufre, no dice nada. Tan solo se mueve esperando algo.
Princesa Piedra sabe. Princesa Piedra siente. Princesa Piedra calla. Los cascos
plateados se acercan y pisan. Y así va muriendo nuestra historia. Ellos no miran, no
comprenden, no escuchan, no cantan, no respetan...los cascos plateados, pisan.
En el llano o en las sierras, solo dejan marcas, solo dejan pasados. Y nosotros estamos
sedientos de "presente". Pero el blanco avanza, ya no se detiene.
Mira el cielo ahora que puedes, ya no lo verás mañana. Mira el cerro, hoy que debes, ya
no estarás mañana. Princesa Piedra espera tu canto, y el mío, y el de los otros. Espera
encerrada, macisa, y movediza. Princesa Piedra escucha el grito de la mujer y del niño.
Princesa Piedra sangra. Atiende todos nuestros lamentos. Princesa Piedra ama. Pero su
amor, se apagará mañana.
Princesa Piedra reclama. Y este pueblo lento, vacío, triste; y este pueblo sujeto y
vencido, solo aguarda.
Princesa Piedra escucha tu canto, y el mío, y el de los otros, allí posada, en lo alto de
nuestro destino.
_Que nadie llore!_ (que nadie huya, que nadie se esconda). Que todos esperen a los
piés de Princesa Piedra, que ahora nos abraza. Y allí, donde ellos construyen, allí, sobre
nuestros vestigios, sobre nuestros cuerpos, allí donde ellos estarán...vendrán otros.
Princesa Piedra seguirá su danza por mucho tiempo, seguirá nuestra danza, como
testimonio de lo que hemos sido. La acompañarán la lluvia y las estrellas, y gritará, se
enojará, se sacudirá...hasta el día, en que crea que ha dicho lo suficiente de nosotros, de
nuestra cultura, de nuestro dolor. Entonces, Princesa Piedra, se arrojará al vacío y
morirá para siempre. Entonces...se callará el Pasado.<
(En memoria de los primitivos pobladores del Tandil)